Como bienvenida, les quería contar una pequeña anécdota:
Días atrás, mientras hacía clases de
reforzamiento de “lenguaje y comunicación” a una alumna de enseñanza media, me
encontré con un tema relacionado a nuestro curso. La tarea que debíamos
reforzar era el análisis y lectura del poema “Lautaro” de DAVID ANIÑIR
GUILITRARO, que cito a continuación:
LAUTARO
Eres caballo galopando sobre el mar
Subiendo y bajando ventisqueros
En esta época del mal
Galopas, brincas y relinchas sin apero
Solo,
A pelo,
Contemplativo
Reflexivo
Cicatrizando la costra diaria del vuelo.
Ciberlautaro cabalgas en este tiempo Tecno-Metal
Tu caballo trota en la red
Las riendas son un cable a tierra
Que te permiten avanzar
Como un werkén electróniko
De corazón eleck -trizado
Lautaro
Montado sobre este peludo sistema
Cabalgas en la noche
Pirateando sin miedo el medio
Chateando cerebros y conciencias
Pasando piola en la red
Neo lautaro
Peñi pasajero de este viaje
Cachaste que hay vida después de la muerte
Y muerte después de la vida
Como lo decían aquellas mariposas
Con el zumbido de sus alas aceradas
Escuchando IRON MAIDEN
(2005)
Tras
la lectura del poema, le pregunté a la niña que con cara de confusión me
miraba, ¿De qué se trata el poema? Ella, haciendo el mejor de sus esfuerzos, me
respondió que se trataba de un caballo. Un caballo, pensé yo, sí,
metafóricamente Lautaro era un caballo. Le pregunté qué tipo de caballo era, me
contestó que uno que galopaba. Le pregunté por las referencias al ciberespacio
y me dijo que eso era lo que menos entendía, aunque sí le había llamado la
atención que era un caballo que podía pasar de la vida hacia la muerte. La
interrogué sobre si sabía lo que era ciberespacio, chatear, red, sistema y quiénes
eran Iron Maiden, me contestó a todo que sí. Además, me aclaró, que normalmente
usaba su netbook varias veces al día, que tenía Facebook e Instagram y que
incluso los manejaba desde el celular. Continué con mi interrogatorio y le
pregunté si sabía quién era Lautaro, me respondió que no. Le pregunté si alguna
vez había escuchado sobre la guerra de la Araucanía o sobre el libro “La
Araucana” y nuevamente pronunció un no. Podría haber seguido haciendo las miles
de preguntas que inundaron mi pensamiento, sobre su existencia, los contenidos
escolares y el abismo generacional entre los que nacieron con y sin acceso a
internet, sin embargo, decidí guardar mis preguntas y comenzar nuestra clase
miscelánea de cultura y comprensión.
Esta
anécdota que vivencié hace un par de semanas, más allá de las preguntas
inmediatas que me provocó, me dejó pensando sobre el cómo hemos incorporado las
nuevas formas de comunicación a las prácticas educativas, si hemos sido capaces
de entender cómo han cambiado los estudiantes a partir de ellas e incluso cómo
ellas han revolucionado nuestros antiguos conceptos, por no apresurarme a mencionar
un cambio de paradigma. Otra preocupación, que sobrevivió a través de los días,
es la interrogante sobre si hemos sido capaces de cuidar y formar nuestra
identidad local a través de la educación, pues aunque en tiempo hay mayor cercanía
entre una niña de 13 años e Iron Maiden (contrastándolo con Lautaro), no la hay en relación a los referentes
culturales que ella debería tener, pero la globalización ha podido acercar toda
distancia. En este momento, tendrán derecho a pensar que
estoy efectuando una generalización a partir de un caso en específico, sin
embargo, quiero aclarar que este caso solamente es el que concretiza las
preguntas que día a día surgen a partir de mi práctica profesional de profesora
de lenguaje, pues día a día me encuentro con los desafíos que plantean las
nuevas tecnologías a la comunicación. Buscando información al respecto, me
encontré con un artículo llamado “Comunicación y educación: una deuda
reciproca”, en que Alfonso Gumucio Dagrón, especialista en comunicación para el
desarrollo, manifiesta su opinión sobre el porqué piensa que la educación no ha
sido capaz de incorporar las nuevas formas de comunicación a las prácticas
educativas. En él señala: “La modernización requerida se entiende como un tema
de dotar de tecnología a las escuelas y no de desarrollar en ellas procesos de
comunicación como los que se requieren para que los educandos se adapten a los
desafíos de una sociedad cada vez más determinada y modelada por la información
y la comunicación audiovisual que se desarrollan en el espacio público y en el
interior de los hogares.” (2010). Esta afirmación que realiza Gumucio Dagrón
sobre la educación en Latinoamérica, yo puedo observar que es completamente válida
para el sistema educativo chileno, basta revisar los programas de incorporación
de TICs (tecnologías de la información y de la comunicación) a las escuelas, en
ellos pareciera ser suficiente entregar un notebook a un niño o enseñarle su
uso, cuando muchas veces el niño aún no tiene sus necesidades básicas cubiertas
o, en el otro extremo, ya sabe ocupar un pc sin ningún problema. Incluso, puedo
sumar mi experiencia personal ya que en el único curso de TICs que he cursado y
que realicé en educación de posgrado, en vez de desarrollar una verdadera
reflexión sobre cómo las tecnologías de la información y de la comunicación
deberían transformar nuestra práctica docente, o de desarrollar TICs que
pudieran estar al servicio de hacer nuestra labor más interactiva como lo son
programas como Prezi o el uso provechoso de las redes sociales, nos quedamos en
las antiguas prácticas realizando una monografía sobre la incorporación de
éstas a la educación y desarrollamos una plataforma obsoleta (moodle), ignorando
conscientemente que en este momento ya todas las instituciones cuentan con sus
propias plataformas. Sin duda deben existir excepciones a este fenómeno, pero
me parece que son pocas. La idea de este curso es precisamente ser una de ellas.
Cuando
realizo mis clases y veo que los alumnos, aunque tienen un mal desarrollo de la
comprensión de lectura tanto de textos orales como escritos y visuales, son
capaces de interactuar constantemente a través de las redes sociales y de
generar instancias de reflexión y comunicación diferentes a las que antes
usábamos, pienso que desaprovechamos los medios que se nos están presentando y
que somos los mismos profesores los llamados a utilizar estos medios como
herramientas, y a efectuar sobre ellos una labor crítica y reflexiva. Al revés
de lo que muchos piensan, el chat no está matando a la ortografía sino que, en
su contexto, está creando nuevas palabras. No sirve que los profesores nieguen
la existencia de esas nuevas palabras, sino que deben enseñar a los alumnos los
diferentes registros culturales y de formalidad según su contexto, que ayudarán
a los estudiantes a utilizar en situaciones correctas aquellas nuevas palabras y,
por sobre todo, deben enseñar a los alumnos el espíritu crítico que los ayudará
a sobrevivir en un ciberespacio cargado de mentiras que parecen verdades y de
verdades que son mentira. Es necesario para un profesor, aceptar que Lautaro
más allá de un personaje histórico y literario, se ha convertido también en un
ciber-habitante del que se tejen muy diferentes versiones y que galopa entre
referentes tan ajenos como Iron Maiden. Sí lo aceptamos podremos guiar a
nuestros alumnos a distinguir entre sus versiones y a construir a Lautaro como
un tejido que mezcle lo global con lo local, pero que no pierda su esencia. Los invito entonces, como alumnos, a reflexionar sobre la gestión de la información digital en la medida que puede mejorar su aprendizaje, su actuar profesional y su vida misma, y a internarse en el curso con todas sus dudas, conocimientos y prejuicios. Sé que todos aprenderemos mucho en esta aventura en que yo soy el internauta guía, pero en que cada uno de ustedes tiene un rol trascendente para no extraviar nuestra nave en el espacio.
Por esta semana, sólo les dejaré las normas mínimas del curso:
- 75 %
Asistencia mínimo
- Evaluaciones
de trabajos se promedian en nota única 70 %.
- Trabajo
final obligatorio 30%.